El llanto de un bebé, un numero de cinco dígitos, un avión que aterriza, una mirada, y exactamente en un segundo,tan solo en un segundo, se produce un cambio, y con el llanto del bebé, alguien comienza a ser padre, con los números sorteados, a ser ganador de la lotería, con el avión que llega, a reencontrarse con el ser querido, con una mirada…. a enamorarse. Solo un segundo, y la vida cambia.
Sentir que el cambio positivo esta latente y puede producirse en cualquier instante, es hermoso.
Pero bien vale recordar, que en ocasiones, puede resultar trágico: En un segundo, puedes perder la vida.
En ese instante, que parece infinito, donde universo, dios, destino, te muestran los “dos extremos” del túnel, en esa fracción de tiempo en el que la piel se eriza de miedo y un cocktail de sensaciones se derrama, otro cambio se produce. Y ya dependerá de cada uno, que ese, resulte pasajero, o permanente.
La cercanía al “lado oscuro” y el regreso a la luz que representa la familia, los amigos, la vida, en definitiva, el transito por ese segundo trágico, fue la prueba que tuvo que atravesar nuestro amigo Marcelo.
Y fue ese el motivo, por el cual partimos hacia Córdoba.
Los que de algún modo, también estábamos incluidos en el “lado de la luz”, llevamos cada uno a su modo, el abrazo que le recuerde, cada vez que tenga que manejar por las rutas, que este lado de el túnel, es lo mas lindo que tiene.
En mi caso, no tuve opciones, mi abrazo tomó forma gastronómica, un poco porque no me dejaron opción, y otro poco, porque es mi idioma para decir algunas cosas.
Una brochette de pulpo picante y caramelizado, con cubos de papa natural con pimentón, para que en el paladar, ayudaran a equilibrar el aceite de chile con el cual doré los trozos de tentáculos antes de caramelizar. Una “versión moderna” del clásico pulpo a la gallega
Como plato principal: Fideuá, que al fin y al cabo es una pronunciación valenciana de la palabra “fideuada”, que significa literalmente “conjunto de fideos”.
La Fideuá es un plato marinero originario de Valencia que se elabora de forma parecida a la paella. No tiene demasiadas complicaciones, si se tienen en cuenta un par de detalles, tal como el tostado de los fideos y un caldo de pescado excelente.
Nosotros incluimos, pez gallo, pulpo, machas, mejillones, berberechos, y langostinos.
A todo esto, una rato antes, la “parte gastronómica Argentina” había sido una picada criolla….y un rato después focaccia, lo que al final transformó a la mesa en una ONU culinaria.
Hay detalles de Cerveza, vino y champagne, que no voy a mencionar. Esta entrada del blog, es mas un relato de un viaje, que una descripción culinaria……digamos que, para guiar un poco v/imaginación, en el transcurso de la cena, se rompieron algunos records.
Al dia siguiente, nos fuimos a Carlos Paz. Las lluvias, y la época del año, hizo que en el camino, pudieramos disfrutar a las sierras en todos los tonos de verde.
Al llegar a Carlos Paz, descubrí que recuerdos de mi infancia y juventud permanecían ocultos debajo de algunas piedras en el fondo de el Lago San roque, y como está en sus genes, no dudaron en venir a saludarme apenas puse mis pies en su orilla.
A mediodía, comimos en un restaurante que es, en si mismo, un balcón al lago , con mucho potencial por desarrollar , y que esta a pocos metros de el “puente de las mojarras”, el viejo puente de el lago San Roque.
El restaurante se ufanaba de tener como especialidad de cocina Cabrito asado, trucha y pacú.
No es poca chapa, para convencer a los clientes.
Probamos dos de tres : Cabrito y Pacú. Excelentes ambos.
Si no fuera por la ausencia de aire acondicionado, la vista, la comida y el ambiente, hubieran podido lograr un combo como para permanecer allí mas tiempo. Mucho más.
Al final, no dejó de ser un viaje “familiar”. Cuando lo recordemos ( algunas circunstancias serán difíciles de olvidar) cada uno encontrará un motivo distinto para atesorarlo.
En mi caso, y desde el punto de vista de este blog, debo decir que, los que encontramos entre las hornallas una forma de transmitir afecto, no podemos desear otra cosa, que nuestros comensales disfruten de lo que le llevamos al plato .
Si ademas, 24 horas después de nuestro trabajo, un “sobrino postizo”, le sigue haciendo honor ……
Que mejor recompensa?
Me permito hacer una sugerencia: Cocinen, que al final, también es alimento para el alma!…y desde ya, es una buena excusa para FESTEJAR LA VIDA!!






























